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Es difícil resumir una historia de casi cien años en unas pocas líneas.. |

La Sombrerería Albiñana debe su nombre a su fundador, un artesano sombrerero, que llega a la ciudad de Oviedo a principios del siglo XX. No se tiene constancia exacta de la fecha de su inauguración, pero su elemento más antiguo es el anuncio publicitario que se encontraba en la famosa estación de ferrocarril del Vasco, que data de 1915. De los establecimientos que allí se anunciaban es el único que aún continúa en activo, siendo también uno de los más antiguos de la ciudad. Albiñana regenta el negocio en la calle Melquíades Álvarez, en el centro de la ciudad. Por aquella época, no solamente se vendían sombreros, también se disponía de taller para arreglos y confecciones a medida. Era un negocio rentable ya que los dictados de la moda obligaban al uso de tocados y sombreros. Pasan los años y el negocio continúa, aún con las penurias de la guerra civil. Hacia 1960 Albiñana comienza a pensar en retirarse y traspasar el negocio. En ese momento los actuales propietarios buscan la manera de establecerse en la capital, y aunque la tienda no se encuentra en sus mejores momentos, se deciden a continuar con la empresa. La única condición que pone Albiñana es que el negocio continúe con su nombre “Sombrerería Albiñana”.
Mariano Bobes asume la gerencia del negocio, y en compañía de su cuñado Adolfo Fernández, comienzan una dura lucha para levantar un negocio en tiempos difíciles. Es una época bonita, pero dura, y por la tienda pasan a diario paseantes y clientes, que en su deambular por el barrio no faltan a su visita diaria para hacer su comentario sobre la actualidad, o bien para echarle un ojo al periódico. Fijos también eran los policías municipales que patrullaban la zona, a los cuales se les guardaba el bocadillo hasta la hora del almuerzo, y que también usaban desde allí el teléfono para avisar a la grúa, o bien para notificar alguna incidencia. La tienda va variando su contenido y reforzando algunos de sus artículos, como los efectos militares, que aún hoy en día se continúan trabajando. La competencia y las necesidades del mercado marcan la venta. Sobre todo se comienza a crear un estilo de trabajo en el cual la calidad y el conocimiento del producto que se ofrece son las claves de la venta. Hacia finales de los 70 Adolfo se jubila, y se incorpora al negocio Elena Cuesta que junto a Mariano dirigirán Sombrerería Albiñana. En estos años la ciudad crece y se celebran acontecimientos como los mundiales de fútbol, que traen a la ciudad visitantes y, con ellos, incremento de la actividad. El comercio sigue evolucionando y especializándose en el mundo de los complementos, las prendas de cabeza, los efectos militares y de protocolo (galones, condecoraciones, banderas, etc..) y en el mundo del viaje con maletas y bolsos.
Como lo definió el escritor Javier García Rodríguez en La Nueva España:
“..se encontró con lo que le pareció un zoco a la europea burgués y decimonónico, posmoderno y «kistch», un mercado persa del lujo y la publicidad, una tienda de «delicatessen» del complemento y del regalo, atiborrada de sombreros panamá y de fieltro, de abanicos pavoneados, de «souvenirs» con fecha de caducidad, de paraguas de toda condición, de tirantes rayados, de insignias inverosímiles, de banderas españolas de sobremesa con peana dorada, de medallas militares basadas en las de todos los ejércitos y en todas las guerras sin sentido, de gorras azules de requeté (al parecer, un producto estrella), de mariconeras ochenteras, de bastones de atrezo, de lujosas carteras para amantes del orden, de monederos (y ninguno falso, como los de André Gide), de boinas sin capar, de llaveros imposibles de olvidar, de botas de vino de las tres zetas…”
Muchos eran y son los artículos que se podían encontrar en la tienda. En los años noventa se recibe la noticia del desalojo del local en el que se encuentra el establecimiento; después de casi cien años se debe marchar, y se plantea la duda de cómo afrontar el futuro. Por esta época se jubila Mariano, después de muchos años de trabajo tras el mostrador y de un gran conocimiento del mundo de la venta. Elena retoma los mandos del negocio y se incorpora Conchita que junto a su hermana Geli serán dos grandes pilares para comenzar las nuevas etapas del negocio. Son años de incertidumbre en los que el negocio continúa pero sin un futuro claro, debido a su ubicación. Finalmente, se toma la decisión de seguir y crecer, y, para ello, se abre una nueva tienda muy próxima a la antigua y en un corto espacio de tiempo se inaugura un segundo local, más amplio, al lado del Ayuntamiento, en el Oviedo antiguo, para poder desarrollar nuevos campos de venta.
Con el cambio, en esta nueva etapa, Elena Cuesta decide jubilarse, aunque tanto ella como Mariano siguen siendo referencia para el negocio, por su conocimiento y por su buen hacer de todos estos años de dedicación.
El mismo escritor publicaba en el artículo el cierre del negocio
“..Dentro de poco tiempo, Albiñana cerrará sus puertas porque, según parece, el edificio que la alberga va a ser rehabilitado para convertir sus altos techos y sus salas espaciosas en un lugar anodino y común con cocinas pigmeas y paredes de gotelé. Ya figura el cartel de traslado en uno de sus escaparates. La tienda se ha clonado unos metros más allá, en la misma calle Melquíades Álvarez, renovando su estética y llevándose consigo casi un siglo de historia y miles de historias íntimas, de grandes pasiones, de vidas cruzadas, de conversaciones de paso, de regalos buscados, de deseos incumplidos, de confidencias a media voz y de anécdotas imposibles de creer. Y llevándose también a todos sus transeúntes despistados, a sus clientes de toda la vida, a sus famosos de paso y de paseo, a sus gentes de familia bien, a sus coleccionistas de rarezas, a sus raros de colección, a sus madres de familia, a sus maridos de última hora, a sus militares de graduación, a sus mutilados de guerra y a sus turistas sorprendidos por una tormenta de verano (que son, como se sabe, como las tormentas en un vaso de agua: escandalosas pero sin consecuencias)…”.
Desde el año 2007, Sombrerería Albiñana cuenta en Oviedo con dos establecimientos, que mantienen la calidad de servicio y entrega, buscando satisfacer las necesidades del cliente, proporcionándoles lo mejor de nuestro trabajo y dedicación. Sombrerería Albiñana es propiedad de Bobes Cuesta C.B., hijos de los antiguos propietarios. En el 2008 Luis Bobes y Elena Bobes, inician una fase de actualización en el negocio, obteniendo el Certificado de Calidad para sus dos tiendas y lanzándose a este último proyecto que ustedes visitan ahora: su nueva tienda On-line.
Después de resumir nuestra pequeña historia, queremos también hacer mención y agradecimiento a todos los clientes que han pasado y que pasarán por nuestras instalaciones. Les damos las gracias por su confianza y por animarnos a seguir trabajando y ofreciendo nuestros productos.
Luis Bobes Cuesta Gerente
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